La iglesia maquillada

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Hay una iglesia que muestra sus defectos y hay una iglesia maquillada.

La iglesia maquillada siempre luce bien. Sus miembros proyectan vidas ejemplares. Parecen ser padres excelentes, hijos obedientes y esposos modelos, pero en la intimidad se quitan el maquillaje.

La iglesia maquillada no es la iglesia verdadera, la iglesia verdadera es una comunidad de gente con pies de barro. En la iglesia verdadera se mezclan los defectos y la belleza, los milagros y las tragedias.

Los cristianos somos pecadores como todos los demás, nuestra única diferencia está en que hemos corrido a la cruz. Los cristianos también se divorcian, sufren de depresión y van al Psicólogo, sufren ataques de ansiedad y toman ansiolíticos para controlarlos.
Nuestra teología no debe ser más fuerte que el poder de una comunidad de creyentes que viven en transparencia los unos con los otros; “Confesaos vuestras faltas los unos a los otros” dijo Santiago, insinuando la cara de la verdadera iglesia, pero nosotros escondemos nuestras faltas, las maquillamos.

Con el fin de respaldar sus vidas de “fe”, muchos pretenden vivir en una burbuja donde la vida es perfecta, pero necesitamos reventar esa burbuja y dejar que las verdaderas historias sean contadas.

Se ha dicho antes, y estoy en total acuerdo, que hay elementos de Alcohólicos Anónimos que la iglesia debería imitar: La transparencia de hombres y mujeres rotos dispuestos a ser vulnerables, dispuestos a abrirse y confiar en los demás confesando sus debilidades, y dispuestos a tomar responsabilidad por sus acciones. “Si no te lavo los pies no tendrás parte conmigo” le dijo Jesús a Pedro, y cuando nosotros escondemos nuestros pies sucios y pretendemos que todo está bien, tampoco tendremos parte con la iglesia verdadera.

Muchos jóvenes, al alcanzar la mayoría de edad, dejan la iglesia por la incongruencia que veían en la vida de sus padres. Esta es una verdadera tragedia. La iglesia maquillada ha sido inconscientemente fomentada por pastores que sienten que la iglesia maquillada los valida como líderes.

El líder paternalista (algo muy distinto al líder paternal), utiliza el comportamiento de los miembros de su iglesia como una carta de presentación.

El problema es que muchos congregantes, maquillan sus vidas para satisfacer a sus líderes.

A veces la burbuja de la vida perfecta de un líder se revienta cuando sus hijos le causan problemas. Todo cambia cuando su hija queda embarazada, cuando su hijo se rebela y deja la iglesia, cuando su esposa sufre de depresión y tiene que ir al Psicólogo.
Es entonces que el pastor empieza a ver a la iglesia sin maquillaje, empieza a ver a su hija en las adolescentes con problemas de tipo sexual de su iglesia, empieza a ver a su hijo en los jóvenes que se rebelan, empieza a ver a su esposa en la mujer problemática y emocional.

¿Significa esto que debemos fomentar la imperfección? No, pero debemos permitirla.

Por supuesto que un cristiano debe madurar, pero después de todo seguiremos siendo pecadores, seguiremos batallando con áreas de nuestras vidas que tal vez no venceremos hasta el día veamos a Jesús cara a cara. Entonces seremos como Él y no habrá necesidad de maquillaje.