Dignificando al pecador

20156

dignificando_jarLa parábola del hijo pródigo nos confronta con ideas que dominan el pensamiento cristiano. En esta parábola cada uno de los personajes hace lo que menos se espera de ellos y sus respuestas contradicen nuestra forma de pensar.

En el pensamiento cristiano, o por lo menos la forma en la que representamos a Dios, el padre está enojado con el pecador y quiere castigarlo, pero el Dios representado por el padre en la parábola del hijo pródigo nos sorprende y hace añicos nuestras ideas acerca de Dios. Este Dios, da libertad a sus hijos, y los deja tomar sus propias decisiones, aun cuando estas vayan en contra de Su voluntad.

En la historia del hijo pródigo, el padre no está enojado con su hijo desobediente; lo espera y cuando lo ve venir, se vuelve como un niño, corriendo a su encuentro. Son los niños los que corren al encuentro del padre, pero en esta parábola es el padre el que corre al encuentro de su hijo confrontando así nuestros conceptos acerca de Dios.

Del hermano mayor, que representa a la iglesia, se espera que se regocije con la llegada de su hermano menor (el pecador) que se había perdido, pero hace lo contrario. El hermano mayor nos sorprende a todos con su enojo; no quiere participar de la fiesta de bienvenida que el padre dio a su hermano. Erróneamente se compara con él hermano menor y se llena de un falso sentido de justicia basado más en sus obras que en el amor del padre. Siente que por sus obras él es digno y que su hermano es indigno.

Por último, el hijo pródigo, el personaje de la historia que representa al pecador, es el que más sorprende. No puedo evitar notar que cuando Jesús habla de los pecadores, los dignifica. Después de que el hijo menor malgastó su herencia y vivió perdidamente, después de haber hecho todo lo incorrecto, Jesús nos da la oportunidad de ver el corazón de un pecador. Estando lejos de la casa de su padre, el hijo pródigo reaccionó:

“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros”

¡Qué declaración de arrepentimiento tan bella, tan sincera, tan poética, tan profunda, tan llena de significado!  Cada vez que leo el arrepentimiento del hijo pródigo, su actitud me confronta, me humilla, me pone en mi lugar.

Necesito aprender del hijo pródigo.

La iglesia ve al pecador como un salvaje, como un animal. Como alguien insensible que no experimenta el sentido de culpabilidad y no tiene ningún interés en cambiar, pero el hijo pródigo nos enseña que los pecadores no están conformes con su condición y aun cuando están lejos, sus corazones apuntan hacia la casa del padre, apuntan hacia Dios.

El hijo pródigo nos da una lección de arrepentimiento de la que todos podemos aprender.

Los cristianos nos sentimos dignos y con derechos; reclamamos, desatamos y decretamos bendiciones sobre nosotros mismos…. Pero el hijo pródigo no se siente digno. Su declaración y su decreto es: “No soy digno de ser llamado tu hijo.”

Qué bello…

El tema de dignificar al pecador es tocado otra vez por Jesús cuando contó la parábola del publicano y el fariseo. Jesús sabía que los fariseos (religiosos) menospreciaban a los publicanos (pecadores), pero a través de su ejemplo y enseñanzas Jesús puso al pecador en una mejor luz.

«Dos hombres subieron al templo a orar; uno era fariseo, y el otro, recaudador de impuestos.  El fariseo se puso a orar consigo mismo: “Oh Dios, te doy gracias porque no soy como otros hombres —ladrones, malhechores, adúlteros— ni mucho menos como ese recaudador de impuestos…” En cambio, el recaudador de impuestos, que se había quedado a cierta distancia, ni siquiera se atrevía a alzar la vista al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: “¡Oh Dios, ten compasión de mí, que soy pecador!” » Les digo que éste, y no aquél, volvió a su casa justificado ante Dios. Pues todo el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

No es accidental que el publicano se parezca al hijo pródigo en su actitud y en su lenguaje. Es el mismo Jesús contando otra parábola en la que dignifica al pecador. No deja de sorprenderme el énfasis tan positivo que Jesús pone sobre el pecador en las historias que cuenta. Tan diferente a la actitud que la iglesia tiene en relación al pecador.

El publicano se queda a cierta distancia, no se siente digno de acercarse, ni tampoco se atreve a alzar la vista al cielo. Jesús nos enseña que el pecador no es un animal salvaje que solo quiere pecar.

Jesús dignifica al pecador…

Por lo menos en un par de ocasiones Jesús se admira de la fe de los pecadores. (Nunca se admiró de la fe de los religiosos). Que Dios se admire de la fe de alguien ya es un tema por demás interesante, pero que ese alguien no pertenezca a la fe, es revolucionario.

Jesús dignificó al pecador,

¿Por qué nosotros no hacemos lo mismo?